Todos (o casi todos) hemos visto la apertura de los Juegos Olímpicos. Pero ninguno siquiera imaginaba que aquella niña encantadora que, suponíamos, cantaba como los dioses el "Hymn to the Motherland", ("Oda a la Patria") era una "farsante".
Alguno que otro se habrá enterado. Clic
aquí.
El tema está clarísimo: la verdadera cantante estaba oculta, mientras que esta otra chica simulaba.
Yo no entendía inicialmente cómo las dos chicas aceptaron formar parte de esto:
Una haciéndose pasar por una talentosa joven prodigio cuando en verdad sólo se trataba de una niña bien vestida y bien peinada, que movía los labios y recibía felicitaciones y arrancaba exclamaciones de miles por un talento que evidentemente no posee.
Y la otra, que no sólo prestó su voz de esa manera, sino que además fue considerada una vergüenza que no debía ser expuesta por tener... ¿torcidos los dientes?
Y sigo sin comprender el primer caso, el cual impulsó a Lin Miaoke a seguir con la farsa en los medios de conmunicación (¿ustedes admitirían y tolerarían ser ovacionados por algo que no hicieron?); pero con respecto al segundo (como se menciona en el link) la pequeña Yang Peiyi se mostraba orgullosa de haber podido cantar. Eso me conmovió mucho.
Los responsables dieron la explicación que me esperaba, conociendo esta absurda forma de ser de tantos de los chinos: la búsqueda de la perfección. Y esto es otro punto bastante claro e irrefutable: la perfección sólo yace en las manos de Dios, y existe en el ser humano de manera 100% relativa e inexacta.
Por más que los chinos buscaran a la niña perfecta combinando la apariencia y desenvoltura de una con la voz y la fuerza de la otra, (sin mencionar que la búsqueda en cuestión fuera de los Juegos es algo constante y no empezó ayer), está de más decir que ni la Madre Teresa ni el Papa Juan Pablo II eran seres perfectos.
Y allí está lo rico del ser humano. Lo valioso, lo que hay que explotar y utilizar para el beneficio común: en el hecho de que somos seres incompletos e imperfectos. Lo que yo no tengo, lo tiene tal otra persona. Si fuéramos todos seres absolutos, ¿qué sentido tendría nuestra existencia? ninguna.
Entiéndase ésta reflexión mediante un ejemplo algo tonto, pero que valga para el caso: en la facultad, yo voy un día y me olvido el liquid-paper. Pero hay otra persona que lo tiene, y a esa persona se le perdió la Bic, y yo tengo una de más. Una mano lava a la otra.
Me dije por momentos que me fui por las ramas, pero a decir verdad no. Porque una cosa se debe a la otra, todo está conectado. Una enseñanza demasiado importante que aprendí en mi vida.
Bueno, era esto lo que quería comentar. La verdad se me hace muy lamentable esta actitud por parte de los chinos responsables de este suceso, y de los chinos en general (que pocos no son) que tienen estas costumbres tan frívolas, anteponiendo la imagen de su país al bienestar (en diversos sentidos) de su gente.
Tratándose además de un pueblo que me resulta sumamente interesante en tantos aspectos, cosas como éstas, realmente... auch.