Publicado 31-ago-2009 a las 11:49 por Kir (Forma de Dragón)
Relato corto hurtado de un sitio con relatos cortos:
El amor perdido por los tomates
Un ambiente cálido se percibía en el lujoso restaurante. Frente a mí Daniela se veía hermosa, de fondo escuchábamos a un nivel adecuado a Cranberries y su canción Zombie.
Hace 2 meses conocí a Daniela, me la presento una amiga en común, y desde el primer momento me gusto. Después de insistir un par de veces en invitarla a salir, por fin lo había logrado, así que ese Sábado me arme de saco y corbata y puntual pase por ella a su casa. Las 8:30 de la noche en punto.
Desde las medio dia hice reservaciones en Nino´s el restaurante de moda. Después del siempre incomodo acercamiento inicial, y una vez que estábamos en nuestra mesa, la platica derivo en lo mismo de siempre: estudios, familia, trabajo.
La velada era en verdad buena… hasta el momento de ordenar. Un estirado mesero con cara de “fuchi” se acerco a nosotros con sendos menús en cada una de sus manos.
Buenas noches, mi nombre es Antonio y tendré el gusto de atenderles esta noche…- Dijo con una seriedad que daba miedo.
Permítame recomendarle el cordero en salsa de menta… –empezó a decir dirigiendo malicioso la mirada hacia mi. Asentí con la cabeza dándole la certeza de que tomaría en cuenta su recomendación.
De postre tenemos un delicioso pudín de chocolate alemán con chispas de vainilla servidos en una copa de fresas avinadas en jerez… – Dijo sonriendo coquetamente a Daniela.
Lo anterior no le cayo en gracia a mi invitada y con un gesto de hastío por la impertinencia ignoro la recomendación del mesero. Este al notar que no fue del agrado de la comensal opto por darnos en nuestras manos los menús y pregunto:
¿Algo de beber?
Yo pedí una agua mineral con un toque de limón y Daniela pidió un jugo de lichi en las rocas. Tanto el mesero como yo nos miramos sorprendidos ¿lichi? ¿Habrá querido decir leche…? Bueno al parecer el mesero si sabia que eran las “lichis” por que amablemente le dijo que no contaban con jugo de esas exóticas frutas, se que son extrañas frutas por que después investigue, pero en la cena no tenia ni la menor idea. Después de algunas opciones del mesero sobre bebidas Daniela pidió un jugo de naranja con agua quina en las rocas.
El mesero tomo la orden y se retiro, su gesto indicaba claramente que acaba de encontrarse con una de esas clientes “especiales”. En silencio abrimos nuestros menús y nos dedicamos a leer las diferentes opciones de comida que presentaban.
La verdad es que las alternativas eran muchas: Carnes, mariscos, pollo, cordero, conejo y hasta avestruz llenaban las páginas del menú. A la plancha, en corte, en salsa… acompañados de guarniciones, purés de poro, papa o ensaladas… en fin una verdadera alegría al paladar. Vinos tintos, rozados, blancos, cervezas claras y oscuras, martinis, vodka, palomas, margaritas, charros negros, tequila, café irlandés, capuchino, expreso, americano, chocolate alemán, español… un paraíso para los fanáticos de la gula.
Y aunque los precios me resultaban un insulto de la misma gravedad que una mentada de madre, pensé en darme y darle un gusto a mi invitada, no quería verme melindroso o tacaño.
¿Te decidiste por algo? –pregunte cuando intuí que el silencio había ya durado lo suficiente.
Creo que si… ¿y tu? –me dijo a manera de respuesta y dándome a entender que el pequeño disgusto con el mesero había ya pasado.
Pretendo hacerle caso al mesero, cordero en menta… o tal vez langostinos… –dije alegremente, pero mi tímida sonrisa se esfumo al ver su gesto de censura.
En ese preciso momento se acerco Antonio, libretita en mano, dispuesto a tomar el pedido.
Listos para ordenar?-Pregunto el mesero, mire a mi acompañante y al no obtener una respuesta clara de ella supuse que estábamos listos.
Por favor sírvame a mi ternera en salsa de menta, acompañada con puré de papa al gratin y para la señorita… –detuve mi frase para que ella misma pidiera lo que le apetecía.
Una guarnición de vegetales al vapor y una crema de espárragos… –dijo seriamente, como esperando un reproche del mesero o mío. Ciertamente me llamo la atención su pedido por que en el menú no decía en ninguna parte guarnición al vapor o algo así, aunque la crema de espárragos si estaba enlistada.
¿Termino medio o bien cocida? –Dijo el mesero, pregunta por demás idiota puesto que las verduras no tienen termino medio, por un momento nos miramos Daniela y yo tratando de razonar la pregunta. Al ver nuestro desaire a su pregunta el buen Antonio en señal de paciencia con unos clientes poco ilustrados en la alta cocina agrego a su pregunta.
¿La ternera, termino medio o bien cocida? –Entonces asimilé su pregunta, y un poco retraído conteste – Bien cocida por favor…
¿De beber? –prosiguió Antonio- Permítame recomendar un vino chileno tinto, cosecha 1999…
Sin saber si seria mal visto por mi invitada si tomaba alcohol, decidí pedir una copa del vino que me recomendaba el instruido mesero. Por su parte Daniela a quien se le veía sumamente incomoda solicito una bebida igual a la que hace unos instantes le sirvieron. El mesero tomo nota, recogió los menús, se despidió asegurándonos que en un momento estarían nuestros alimentos y se fue.
Al quedar a solas solo se escuchaba de fondo la versión acústica de la canción “Losing my religion” del grupo R.E.M.
Sin poder contenerme y ante el incomodo silencio pregunte: ¿Pasa algo malo?
Tal vez sorprendida por mi pregunta o por la familiaridad con que le había hablado Daniela se acarició el cabello en señal de nervios.
Alfonso, gracias por invitarme a salir, me la estoy pasando muy bien… – dijo seriamente y de inmediato mi optimismo se vino abajo y presentía un “pero” a punto de salir.
Pero –se los dije- debí de decirte algo…
Mis pensamientos se fueron a mil, ¿que seria lo que hice mal? ¿qué no le habrá gustado? ¿Fui grosero o algo? Espere su sentir en silencio…
Soy vegetariana. –lanzo sin mas ni mas.
Oh –dije a manera de respuesta. – que bien…
Comente, ya que no supe que mas decir, es decir que se expresa en estos casos, “felicidades” “lastima…” “pobre de ti” No tenia opinión al respecto, la verdad nunca había estado ante alguien vegetariano. Y aunque ahora entendia lo de los vegetales al vapor, no creí que fuera algo importante… pero si lo era.
Otra vez silencio, de fondo otra versión acústica, “what´s up” de “four non blondes”
Mira Daniela –por fin rompí el silencio- no se mucho sobre las vegetarianas así que dime que puedo hacer… –le dije tratando de ser amable.
Respeto la decisión de todos de no comer carne, si así son felices pues que bien… –continué
Daniela se quedo en silencio, iba a decir algo cuando el mesero Antonio se presento con el pedido en una mesita plegable, ágilmente coloco los platos, los cubiertos y la copa y el vaso en el lugar que correspondia.
Con igual agilidad retiro los vasos de nuestras primeras bebidas.
Buen provecho, cualquier cosa estoy a sus ordenes –dijo el estirado mesero y se retiro.
Frente a mi, en un delicado plato blanco se extendía una chuleta de cordero con los bordes ligeramente quemados, un dulce olor de la crema de menta se mezclaba perfectamente con el olor del puré de papa bañado de margarina y queso. Al lado una copa colmada de un apetitoso liquido rojo. Era la cena digna de un rey…
De su lado en un plato se esparcían zanahorias, chicharos, calabazas, papas en cuadritos, brócoli y coliflor adornadas con hojitas de lechuga, romero, epazote y tomates. En un tazoncito una humeante crema de espárragos de un verde descolorido.
Por un momento no supe si continuar o no, pero ¿que iba a hacer? ¿pedirle a Antonio retirara todo sin haber probado nada? Por otra parte se veía exquisito…
Ahora de fondo escuchaba a Arjona “llenas y vacías las maletas, como puedes pretender que me coma ese chantaje…” se oía cantar “pingüinos en la cama”.
Y ¿por qué vegetariana? –pregunte incómodamente a Daniela mientras comía un poco de puré, no me atreví a atacar la jugosa pieza de cordero.
Mientras delicadamente tomaba con el tenedor una pieza de calabaza, contesto – no me gusta robar a seres vivos su carne, su propia vida, no estoy de acuerdo en la manera en que los crían, los engordan y los sacrifican, para los animales esto es una verdadera tortura, los animales sufren y mueren solo por que el hombre a distorsionado su alimentación… –dijo con un tono de enojo muy evidente.
Era un discurso sumamente estudiado, hasta podría decir que se lo sabia de memoria. Pensé que su vegetarianismo tenia mas que ver con su salud, su figura (estupenda por cierto) o su religión. Nunca pensé que fuera por solidaridad con los animales.
Después de lo anterior la cena fue algo molesta, ella pareció dar por terminado todo intento de acercamiento, por mi parte fantasee en como seria la vida al lado de una mujer que no puede probar las hamburguesas de Carl´s junior o del Burguer King, que no puede acompañarte a las carnes asadas de Paco, o acompañarte a comer unos tacos al pastor o unas carnitas al estilo Michoacán…
Apenas probé la rica chuleta, mas por respeto a la invitada, por que por lo visto esta seria el debut y despedida de esta relación. Ella entendiendo lo mismo comió cualquier cosa de sus platos. Hablamos poco y de cualquier cosa. Sin risas, ni bromas fue la peor cita.
Solicite la cuenta a Antonio, quien gustoso recibió mi tarjeta de crédito, desapareció un par de minutos y regreso con el voucher listo para ser firmado, en el area destinada a propina coloque una cantidad generosa.
Una vez terminado el tramite nos levantamos de la mesa, de fondo oía a la oreja de Van Gogh y su muñeca de trapo. Daniela se adelanto un poco, y amablemente y casi como un susurro Antonio me dijo “Mejor suerte para la próxima señor…”.
Sonreí con la ocurrencia, y pensé, la próxima vez me aseguraré de que sea carnívora…
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