Nuevamente, un nuevo relato. Aviso que no hay trama, así que no intentéis hallarle coherencia y significados ocultos, que no los hay
Sueño
Lo primero que observé tras abrir los ojos fue un largo e iluminado corredor, compuesto por baldosines negros y blancos, que se dirigía hacía una única puerta de color vistoso. Recuerdo que ésta estaba abierta y que un potente resplandor me cegaba cada vez que mis ojos, siempre curiosos, intentaban saber lo que ocultaba aquella habitación; no obstante, tras algunos minutos pude traspasar el umbral. El foco de luz desapareció. Ahora aparecía ante mí una pequeña habitación compuesta únicamente por una mesa de mármol, y, a su vez, en ésta sólo había una rosa lozana. Me acerqué un poco más hacia la flor para saciar mi interés, la cogí con la mano derecha y contemplé con cierto temor como se transformaba cada pétalo que caía en una gota de sangre, tampoco pude menos que observar como se marchitaba poco a poco en mi mano.
De repente, una espesa bruma me envuelve y el olor de la tierra húmeda traspasa el frágil muro nubloso. He llegado al paraíso de los muertos: el cementerio, donde yacen placenteramente cadáveres en su cama y almohada de piedra. Desfilo con pasos vacilantes a través de las frías tumbas - ¡Horror! ni una flor les ha sido dejada para no perturbar su perpetua soledad-, hasta llegar a una sepultura abierta. Una pequeña hilera de caracteres, apenas legibles por la escasa luminosidad que había, aparecía al pie del sepulcro. Lo palpé y descubrí con profundo terror lo que aquellos bajo relieves ocultaban: Era mi propio nombre... ¡Espera! También hay cifras. No puede ser, ¿Por qué la fecha de mi muerte coincide con este año? ¡No! Todo estaba preparado para mi entierro prematuro.
Abrí los ojos, mientras caía a la fosa, absorbido por una fuerza hacia su interior. Al llegar a su suelo, exhalé mi último suspiro, al mismo tiempo que el último pétalo de la rosa caía.